Los herpes febriles tienen características muy reconocibles. Por lo general, se diagnostican mediante la exploración física y la historia clínica. Si el médico no está seguro, es posible que se tome una muestra del líquido o del tejido de la ampolla. También se puede tomar una muestra de sangre para analizar.

La examinación podría incluir cualquiera de lo siguiente:

  • Cultivo vírico: se toma una muestra del líquido de las ampollas del herpes febril con un hisopo de algodón. Este examen se realiza lo más pronto posible después del inicio del brote. Después de tomar la muestra, se cultiva el virus en el laboratorio. El examen es muy preciso si la muestra se toma mientras aún haya ampollas evidentes.
  • Prueba de Tzanck: el herpes febril se raspa ligeramente para recolectar células en un portaobjetos de vidrio. Luego se analizan las células con un microscopio. Esta prueba es rápida, pero no tan precisa.
  • Pruebas para detectar la presencia de anticuerpos en la sangre. El cuerpo crea estos anticuerpos específicos para combatir las infecciones por el virus del herpes simple (VHS). Esta prueba puede realizarse cuando no hay úlceras presentes.