Un factor de riesgo es aquello que incrementa las probabilidades de contraer una enfermedad o condición.

Es posible desarrollar cirrosis con o sin los factores de riesgo listados a continuación. Sin embargo, mientras más factores de riesgo tenga, será mayor su probabilidad de desarrollar cirrosis. Si usted tiene factores de riesgo de la cirrosis, pregúntele a su médico qué es lo que puede hacer para reducir su riesgo. Incluso uno o dos factores de riesgo son una razón suficiente para consultar a su médico.

Aunque sólo aproximadamente una tercera parte de los alcohólicos crónicos desarrollan cirrosis, entre el 75% y el 80% de los casos de cirrosis se pueden prevenir al eliminar el abuso de alcohol. La cirrosis alcohólica por lo general se desarrolla después de diez o más años de beber abundantemente.

La cantidad de consumo de alcohol que produce cirrosis varía ampliamente, con tan pocas como 2-4 bebidas al día provocando daño en algunas personas. En comparación con los hombres, las mujeres parecen ser más susceptibles a cirrosis en consumos más bajos de alcohol.

Sin embargo, en general mientras más tome, es más probable que usted desarrolle cirrosis. El alcohol es tóxico para las células hepáticas. También daña al hígado al alterar el metabolismo normal de proteínas, grasas, y carbohidratos. Los alcohólicos crónicos tienden a tener dietas de mala calidad, lo cual podría contribuir al desarrollo de cirrosis.

Algunas infecciones agudas por hepatitis viral se vuelven crónicas, conllevando a inflamación hepática y lesión, que con el tiempo, avanzan a cirrosis. Después de la cirrosis relacionada con el alcohol, the National Digestive Diseases Information Clearinghouse (NDDIC/NIH) indica que "el virus de hepatitis C crónica figura con el alcohol como la principal causa de enfermedad hepática crónica y cirrosis en los Estados Unidos."

  • La infección con el virus de hepatitis B probablemente es la causa más común de cirrosis en todo el mundo, aunque su impacto es menos pronunciado en los Estados Unidos y otros países occidentales. Estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (WHO) muestran que 2 billones de personas son inicialmente afectadas con el virus de hepatitis B, y aunque la mayoría se recupera, "350 millones permanecen infectados crónicamente y se vuelven portadores del virus." Otras fuentes expertas declaran que la infección aguda con hepatitis B conlleva a infección crónica aproximadamente en el 5% de las personas. El índice de infección por hepatitis B es más alto entre personas asiáticas e isleñas del Pacífico y es el segundo más alto entre personas de raza negra de origen no hispano.
  • La infección aguda con hepatitis C se vuelve crónica aproximadamente en el 80% de adultos infectados. Aproximadamente del 20% al 30% de las personas con hepatitis C crónica desarrollarán cirrosis, por lo general en el transcurso de muchos años. El índice de infección por hepatitis C es más alto entre personas de raza negra de origen no hispano.
  • La hepatitis D infecta a personas que ya están infectadas con hepatitis B.
  • La hepatitis A aguda y la hepatitis E por lo general no conllevan a hepatitis crónica y así que tienen poco impacto sobre el desarrollo de cirrosis. Sin embargo, pueden haber raras excepciones para cualquier regla general.

En este trastorno, se acumulan células adiposas en el hígado y eventualmente conllevan a cicatrización. Este tipo de hepatitis se asocia con las siguientes condiciones:

  • Diabetes
  • Obesidad
  • Aumento de peso
  • Niveles altos de triglicéridos en sangre
  • Cardiopatía coronaria
  • Derivación intestinal
  • Tratamiento a largo plazo con corticoesteroides

La obstrucción de los conductos biliares causa que se acumule bilis y dañe al tejido hepático. En adultos, esto puede ocurrir con una condición llamada cirrosis biliar primaria, en la cual los conductos biliares se inflaman, obstruyen, y cicatrizan.

Los conductos biliares también se pueden obstruir debido a una enfermedad llamada colangitis esclerosante primaria. Esto también puede ocurrir como resultado de cálculos biliares, o como una complicación de cirugía de la vesícula biliar si los conductos son accidentalmente atados o lesionados. Puede deberse a la inflamación del páncreas, llamada pancreatitis. En bebés, los conductos biliares obstruidos podrían ser el resultado de atresia biliar, una condición en la cual los conductos biliares son lesionados o están totalmente ausentes desde el nacimiento.

Las condiciones tales como la insuficiencia cardíaca o la pericarditis constrictiva pueden causar congestión dentro del hígado, lo que deriva en cirrosis.

Numerosos trastornos hereditarios interfieren con la manera en la que el hígado produce, procesa, y almacena enzimas, proteínas, metales, y otras sustancias necesarias para el correcto funcionamiento del cuerpo. Estas incluyen:

  • Hemocromatosis: trastorno hereditario que hace que el cuerpo absorba y almacene demasiado hierro, el cual se acumula en diversos órganos, incluido el hígado, y causa daño.
  • Enfermedad de Wilson: trastorno hereditario que deriva en una acumulación excesiva de cobre en el cuerpo, lo que a su vez puede producir daño hepático.
  • Deficiencia de alfa-1 antitripsina: carencia hereditaria de una proteína producida en el hígado que normalmente funciona para bloquear los efectos destructivos de ciertas enzimas. Esta afección puede ocasionar enfermedad hepática y enfisema.
  • Galactosemia: trastorno hereditario que se caracteriza por la incapacidad del cuerpo para utilizar el azúcar simple galactosa. Esta afección deriva en una acumulación de galactosa 1-fosfato, lo que daña el hígado, el sistema nervioso central y otros sistemas corporales.
  • Enfermedades por almacenamiento de glucógeno: grupo de enfermedades hereditarias causadas por la falta de una o más enzimas que provocan el almacenamiento excesivo de glucógeno (un polímero de glucosa) en el hígado, lo que, con el tiempo, deriva en daño hepático.
  • Fibrosis quística: trastorno genético que puede provocar daño hepático, incluso cirrosis.
  • Síndrome de Budd-Chiari: condición producida por un coágulo de sangre que bloquea las venas que transportan la sangre desde el hígado hasta la vena cava inferior. La vena cava es la vena de gran tamaño que lleva la sangre desde el lado izquierdo del cuerpo hasta el corazón.

La hepatitis autoinmunitaria es una condición en la que las células inmunitarias confunden las células hepáticas normales con células invasoras y las atacan. Con el tiempo, esta afección deriva en cirrosis.

Usted es más propenso a desarrollar cirrosis a medida que envejece. Esto se debe a que usted ha tenido más años para exponer a su hígado a virus, toxinas, y condiciones médicas que causan cirrosis.

Los siguientes factores pueden producir daño hepático suficientemente grave como para causar cirrosis:

  • Reacciones severas adversas a medicamentos por prescripción, como isoniazida y metotrexato
  • Exposición crónica a toxinas ambientales como arsénico
  • Excesos severos de vitamina A
  • Episodios repetidos de insuficiencia cardiaca con congestión hepática
  • La infección parasítica esquistosomiasis